viernes, 8 de noviembre de 2019

Las mujeres de Don Emiliano


Las mujeres de Don Emiliano
Por Andrea Ravalli



-¡Emiliano no te conviene; es un verdadero barrendero, jugador, mujeriego que no tiene ni burro que montar!- fueron las palabras de Don Fidencio, tras dar un portazo en el cuarto de Josefita.
Doña Guadalupe corrió a abrazar a su joven hija que no encontraba consuelo después de las duras palabras de su padre
Se había enamorado de un hombre que no pertenecía a su clase, sin embargo por esas cosas del destino se convertiría en la mujer de uno de los líderes de la revolución Mexicana.
Todo ocurrió una mañana cuando por el canal de Los Tomases que estaba frente a la casa de sus padres, Josefa vio un sombrero traído por el agua, al levantarlo observo que dentro había una carta de amor y quien la firmaba era un tal Emiliano Zapata
Pese a las prohibiciones y recelos de su padre, Josefa Espejo Sánchez comenzó a noviar con Emiliano, a escondidas y en secreto
La joven había sido educada sin preocupaciones económicas y con los preceptos católicos.
La señorita María Jesús por encargo de Don Fidencio le había enseñado a leer y a escribir a ella y a sus hermanos.No era usual que las mujeres tuvieran otra instrucción mas allá que las tareas del campo y las faenas del hogar pero los padres de Josefa deseaban que tuviera una buena educación para poder contraer matrimonio con un joven de su clase pero lejos quedaron las pretensiones de sus padres ya que el noviazgo con Don Emiliano siguió adelante.

Cuando murió Don Fidencio decidieron casarse.La boda se llevo a cabo en el mes de agosto de 1911 en la Parroquia de San José, en el poblado de Villa Ayala
Josefa vistió un sencillo vestido y los padrinos de la boda fueron Francisco Indalecio Madero quien había sido electo presidente y era un férreo opositor a Porfirio Díaz y su esposa Sara Pérez de Madero.A pesar de la hermosa fiesta y los augurios de felicidad lejos estaba la idea de conformar un matrimonio como cualquier otro, muy por el contrario la vida de Josefa no iba a ser fácil
 La revolución estallo un año antes de la boda, y la cabeza de su esposo era una presa codiciada por sus enemigos.
 La vida de ambos transcurría huyendo de un lugar a otro, escondiéndose para no ser capturados ni ejecutados
De aquel matrimonio nacieron dos hijos; Felipe y Josefa .Ambos murieron siendo niños y Josefa se quedo sola
A pesar de su tristeza seguía acompañando al general Emiliano Zapata, héroe de la revolucion, que seguía luchando con su ejercito de campesinos.
Josefa era perseguida por los gobiernos del general golpista Victoriano Huerta y tiempo después por el de Venustiano Carranza
Al asumir Carranza,la persecución se hizo mucho mas cruenta a tal punto que detuvieron a su madre Guadalupe Sánchez Merino quien fue apresada junto con sus hermanas Juana e Ignacia.Todas fueron liberadas un tiempo después


Mientras tanto Zapata seguía luchando por la devolución de las tierras robadas por los hacendados y extendiendo su lucha armada por todo México.
Las emboscadas eran moneda corriente y tras el asesinato de Madero la lucha armada y las persecuciones fueron mas violentas
Se dice que Don Emiliano no dormía dos noches seguidas en el mismo sitio sino que se dirigía de un lugar a otro
Su fama de mujeriego le había valido para tener refugio y consuelo en los brazos de muchas mujeres, mientras tanto Josefa seguía esperándolo
No había mujer que se le resistiera pues su voz clara y fuerte, su tez morena, sus ojos grandes y negros, su mirada penetrante y su bigote poblado las enamoraba
Según se cuenta llego a tener hasta diez mujeres y varios hijos no reconocidos.
 A pesar del amor que sentía por Josefa, su esposa oficial, acostumbraba a pernoctar en la casa de Doña Inés Alfaro Aguilar, a quien consideraba su madre, amiga, compañera y confidente
Era una mujer de campo con largo cabello negro y ondulado.Sus ojos eran grandes y negros y su tez más morena que la de Emiliano, ella sabia esperarlo callada y silenciosamente.
Se habían conocido mucho tiempo antes de que Emiliano se casara con Josefa y tuvieron cinco hijos de los cuales solo uno quedo vivo
Como era una mujer sencilla supo hacerse a un lado ya que Emiliano mostraba como su mujer a Josefa, la niña de la hacienda de Don Fidencio
Pero la historia da cuenta de que no era la única mujer con la que le era infiel a Josefa sino que hubo muchas otras que acompañaron su vida
¿Quién podía resistirse al héroe de la revolucion?si cuando bajaba de su caballo vestido con sus pantalones de rayas, su camisa blanca y su sombrero despertaba suspiros a su paso.
Quizá se refugiaba en ellas para olvidar aunque sea un poco la revolución y la cruenta lucha que ya había dejado un tendal de campesinos e indios muertos pero la muerte también lo encontró a Don Emiliano

 Fue asesinado el 10 de abril del año 1919. Un agente de Venustiano Carranza preparo la emboscada.Su cuerpo cayo del caballo después de recibir nueve disparos
Muchos lloraron su muerte.Los pobres, los campesinos, los indios y sobre todo sus mujeres.
Doña Josefa, se convirtió en “La Generala”, la viuda del General revolucionario.
Junto con su pena se traslado a su antiguo hogar en la Villa de Ayala y ayudo en las tareas del campo a sus hermanos
Los sobrevivientes del movimiento revolucionario se dirigían a ella con respeto y un desfile de campesinos y guerrilleros le rendían honores
Se convirtió en la voz de las mujeres revolucionarias que acompañaron con sumisión y valentía a sus hombres y se enfrentaron a las persecuciones, a las torturas y a las penurias por las que tuvieron que atravesar

Doña Josefa murió el 8 de agosto de 1968 en su casa.Sus restos reposan en el Panteón Municipal de Anenecuilco a un costado del lado sur de la Iglesia de San Miguel

Mujeres de la guerra


Mujeres de la guerra
Por Andrea Ravalli

 “La mía ha sido una vida dura y valiente, porque si no le hubiera echado agallas no se que habría sido de mi.Mi lucha mereció la pena”
Rosario Sánchez Mora


Rosario, la miliciana

Mi historia es como la de otras tantas mujeres que lucharon por la libertad, enarboladas por la búsqueda de un ideal.
Luchamos y defendimos lo que creíamos que era justo.Una España grande, una España grande, una España libre
Fuimos el símbolo de la movilización de un pueblo que luchaba contra la represión y la opresión que significaba el fascismo.
Cuidamos a los heridos, amparamos a los soldados, alimentamos a nuestros hijos y fuimos perseguidas, torturadas y encarceladas.
Muchas sufrimos el exilio.Tuvimos que irnos de nuestra patria, de nuestra tierra, de nuestras costumbres pero jamás nos quitaron nuestros ideales ni doblegaron nuestra lucha.

Mi niñez transcurrió tranquila en aquel pueblo de viejas costumbres llamado Villaregio de Salvanes.Mi padre tenia un pequeño taller donde fabricaba carros y aperos para los arrieros y los labradores.Teniamos una vida modesta pero feliz.
Tras la muerte de mi madre, me fui a Madrid, en el año 1935.Me instale en la casa de uno de los amigos de mis padres, y comencé a buscar trabajo
Sabia cocer y conseguí empleo en aquel taller de costura y confección que pertenecía a la Juventud Socialista Unida.Alli conocí a muchas muchachas como yo que con solo 16 años habíamos tenido que migrar de los pueblitos porque el hambre se había echo casi una costumbre y necesitábamos ganarnos el pan y buscarlo en otros lados.
Era muy joven, y desde pequeña había sido testigo de los abusos y las injusticias que sufrían los campesinos y los obreros.La pasaban mal, le pagaban una miseria y tenían que conformarse con lo poco que se ganaba
Unos años antes de instalarme en Madrid, los Republicanos habían ganado las elecciones regionales y proclamaron la republica el 14 de abril de 1931.El rey Alfonso XIII, habia abdicado y dejado España con honores militares.
En octubre de 1933 José Primo de Rivera lanzo un nuevo partido de inspiración fascista, atraído por los modelos de Mussolini y de Hitler, la “falange”y a partir de allí comenzaron las revueltas y los problemas
Cuando estallo la guerra civil, yo seguía en Madrid, ya hacia un año que me había instalado y tenia 17 años.
Sin dudarlo, me aliste como miliciana en el Quinto Regimiento llamado El Campesino.
Fuimos  muchas las jóvenes que nos alistamos a los pocos días de haber estallado la guerra.Sentiamos orgullo por defender nuestros ideales y el pueblo nos enarbolaba en las banderas y en los carteles.Apareciamos con nuestros monos azules,y cargábamos los fusiles casi con devoción.
A mi me enviaron a la sección de explosivos, alli nos enseñaban como fabricar granadas caseras y como luchar si teníamos que ir al frente.
Una mañana estaba armando una granada y me exploto en la mano.Con horror vi como habia volado mi mano derecha e inmediatamente me llevaron al hospital de sangre de la Cruz Roja, allí me salvaron la vida.Estuve casi un año sin participar en el frente, pero apenas pude me aliste en la décima Brigada Mixta a pesar de que no podía manejar un arma me conforme con ser la encargada de la Centralista del estado mayor Republicano en mi querida Madrid.
Una tarde apareció un sargento llamado Francisco Burcet Lucini y me enamore de él.Era guapo, joven y fuertes los cuatro meses de noviar, nos casamos pero al poco tiempo lo enviaron a Francisco a Teruel.
Nos escribíamos interminables y amorosas cartas, yo estaba embarazada y comencé a trabajar junto a Dolores Ibarruri mi entrañable amiga, conocida como la pasionaria.
Ella me ayudo hasta que nació, mí hija Elena. De Francisco no supe mas nada, ya no recibía cartas y supuse lo peor.La guerra continuaba, y nuestros muertos se iban sumando en dolorosas cifras.

Aquel frío invierno de enero de 1939, Barcelona cayo bajo las tropas franquistas y unos meses mas tarde también cayo mi amada Madrid.
Con un dolor que me desgarraba los huesos, tuve que dejar a Elena al cuidado de la esposa de mi padre y junto con él emprendimos la huida, si nos capturaban sabíamos cual iba a ser nuestro destino.

Yo protegía a mi padre, y el me protegía a mi.- Rosario!- me decía,- si algo me pasara no olvides de seguir luchando por nuestros ideales- y como presagiando su suerte a los pocos días fuimos capturados.Nos llevaron al campo de los Almendros.
A mi padre lo fusilaron sin titubear y a mi me detuvieron tras leerme minuciosamente un proceso sumarisimo por adhesión a la rebelión.
Temí lo peor.Junto a otras mujeres milicianas me llevaron a la prisión de mujeres y presencie con horror los fusilamientos que se sucedían a diario.
He pasado por varias cárceles para mujeres en toda España y conoci el frio que cala los huesos,el hambre y el recuerdo de la comida de mi madre y el recuerdo de una ducha caliente.
Nos separaron con un numero, eramos las repubicanas, las que nos habiamos olvidado de todo lo que nos habian dicho:”Una mujer debia ser casta y pura y hacer las tareas del hogar”, pero yo no era asi,era distinta.
Me gustaba la politica. Durante mi infancia habia  visto el sufrimiento de los mas pobres y no podia soportarlo.
En esa detencion me liberaron el 28 de marzo de 1942 el mismo día que mi poeta y amigo Miguel Hernández moría en la prisión de Alicante de tristeza y de soledad.
Al tener mi libertad fui desesperada a buscar a mi hija Elena.Al verla la vi mas grande, ya era una niña de cuatro años.
Preferí a pesar del peligro seguir viviendo en España, aunque me tuviera que esconder de casa en casa y de pueblo en pueblo por algún tiempo
A pesar de las heridas y de la pena que había en mi alma pude continuar con mi vida
.Volvi a casarme con un hombre bueno
. Al tiempo me entere que Francisco no había muerto, que estaba vivo y que había iniciado su vida lejos de mi con otra mujer.No lo comprendí, pero con el tiempo me convencí de que quizá quiso protegerme.
Con los recuerdos de la guerra a cuestas me instale nuevamente en Madrid.Alli vendí tabaco y luego monte un estanco
La vida continuo, los años pasaron pero nunca olvide a mis compañeros muertos,a la lucha de los Republicanos por una patria libre, a las atrocidades cometidas cuando finalizo la guerra por  los franquistas, ni a esos años de miliciana que llevaré en la sangre hasta el día de mi muerte…

Rosario Sánchez Mora murió el 17 de abril de 2008 en Madrid.Tenia 89 años y mantuvo su militancia comunista.Una bandera tricolor embandero su féretro y estos versos que Miguel Hernández escribió para ella fueron leídos en su despedida final


Rosario, dinamitera,

Sobre tu mano bonita

Celaba la dinamita

Sus atributos de fiera.

Nadie al mirarla creyera

Que había en su corazón

Una desesperación,

De cristales, de metralla

Ansiosa de una batalla,

Sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,

Capaz de fundir leones,

La flor de las municiones

Y el anhelo de la mecha.

Rosario, buena cosecha,

Alta como un campanario

Sembrabas al adversario

De dinamita furiosa

Y era tu mano una rosa

Enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo

De la condición de rayo

De las hazañas que callo

Y de la mano que digo.

¡Bien conoció el enemigo

La mano de esta doncella,

Que hoy no es mano porque de ella,

Que ni un solo dedo agita,

Se prendó la dinamita

Y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,

Puedes ser varón y eres

La nata de las mujeres,

La espuma de la trinchera.

Digna como una bandera

De triunfos y resplandores,

Dinamiteros pastores,

Vedla agitando su aliento

Y dad las bombas al viento

Del alma de los traidores.

Miguel Hernández, hacia 1937