viernes, 8 de noviembre de 2019

Mujeres de la guerra


Mujeres de la guerra
Por Andrea Ravalli

 “La mía ha sido una vida dura y valiente, porque si no le hubiera echado agallas no se que habría sido de mi.Mi lucha mereció la pena”
Rosario Sánchez Mora


Rosario, la miliciana

Mi historia es como la de otras tantas mujeres que lucharon por la libertad, enarboladas por la búsqueda de un ideal.
Luchamos y defendimos lo que creíamos que era justo.Una España grande, una España grande, una España libre
Fuimos el símbolo de la movilización de un pueblo que luchaba contra la represión y la opresión que significaba el fascismo.
Cuidamos a los heridos, amparamos a los soldados, alimentamos a nuestros hijos y fuimos perseguidas, torturadas y encarceladas.
Muchas sufrimos el exilio.Tuvimos que irnos de nuestra patria, de nuestra tierra, de nuestras costumbres pero jamás nos quitaron nuestros ideales ni doblegaron nuestra lucha.

Mi niñez transcurrió tranquila en aquel pueblo de viejas costumbres llamado Villaregio de Salvanes.Mi padre tenia un pequeño taller donde fabricaba carros y aperos para los arrieros y los labradores.Teniamos una vida modesta pero feliz.
Tras la muerte de mi madre, me fui a Madrid, en el año 1935.Me instale en la casa de uno de los amigos de mis padres, y comencé a buscar trabajo
Sabia cocer y conseguí empleo en aquel taller de costura y confección que pertenecía a la Juventud Socialista Unida.Alli conocí a muchas muchachas como yo que con solo 16 años habíamos tenido que migrar de los pueblitos porque el hambre se había echo casi una costumbre y necesitábamos ganarnos el pan y buscarlo en otros lados.
Era muy joven, y desde pequeña había sido testigo de los abusos y las injusticias que sufrían los campesinos y los obreros.La pasaban mal, le pagaban una miseria y tenían que conformarse con lo poco que se ganaba
Unos años antes de instalarme en Madrid, los Republicanos habían ganado las elecciones regionales y proclamaron la republica el 14 de abril de 1931.El rey Alfonso XIII, habia abdicado y dejado España con honores militares.
En octubre de 1933 José Primo de Rivera lanzo un nuevo partido de inspiración fascista, atraído por los modelos de Mussolini y de Hitler, la “falange”y a partir de allí comenzaron las revueltas y los problemas
Cuando estallo la guerra civil, yo seguía en Madrid, ya hacia un año que me había instalado y tenia 17 años.
Sin dudarlo, me aliste como miliciana en el Quinto Regimiento llamado El Campesino.
Fuimos  muchas las jóvenes que nos alistamos a los pocos días de haber estallado la guerra.Sentiamos orgullo por defender nuestros ideales y el pueblo nos enarbolaba en las banderas y en los carteles.Apareciamos con nuestros monos azules,y cargábamos los fusiles casi con devoción.
A mi me enviaron a la sección de explosivos, alli nos enseñaban como fabricar granadas caseras y como luchar si teníamos que ir al frente.
Una mañana estaba armando una granada y me exploto en la mano.Con horror vi como habia volado mi mano derecha e inmediatamente me llevaron al hospital de sangre de la Cruz Roja, allí me salvaron la vida.Estuve casi un año sin participar en el frente, pero apenas pude me aliste en la décima Brigada Mixta a pesar de que no podía manejar un arma me conforme con ser la encargada de la Centralista del estado mayor Republicano en mi querida Madrid.
Una tarde apareció un sargento llamado Francisco Burcet Lucini y me enamore de él.Era guapo, joven y fuertes los cuatro meses de noviar, nos casamos pero al poco tiempo lo enviaron a Francisco a Teruel.
Nos escribíamos interminables y amorosas cartas, yo estaba embarazada y comencé a trabajar junto a Dolores Ibarruri mi entrañable amiga, conocida como la pasionaria.
Ella me ayudo hasta que nació, mí hija Elena. De Francisco no supe mas nada, ya no recibía cartas y supuse lo peor.La guerra continuaba, y nuestros muertos se iban sumando en dolorosas cifras.

Aquel frío invierno de enero de 1939, Barcelona cayo bajo las tropas franquistas y unos meses mas tarde también cayo mi amada Madrid.
Con un dolor que me desgarraba los huesos, tuve que dejar a Elena al cuidado de la esposa de mi padre y junto con él emprendimos la huida, si nos capturaban sabíamos cual iba a ser nuestro destino.

Yo protegía a mi padre, y el me protegía a mi.- Rosario!- me decía,- si algo me pasara no olvides de seguir luchando por nuestros ideales- y como presagiando su suerte a los pocos días fuimos capturados.Nos llevaron al campo de los Almendros.
A mi padre lo fusilaron sin titubear y a mi me detuvieron tras leerme minuciosamente un proceso sumarisimo por adhesión a la rebelión.
Temí lo peor.Junto a otras mujeres milicianas me llevaron a la prisión de mujeres y presencie con horror los fusilamientos que se sucedían a diario.
He pasado por varias cárceles para mujeres en toda España y conoci el frio que cala los huesos,el hambre y el recuerdo de la comida de mi madre y el recuerdo de una ducha caliente.
Nos separaron con un numero, eramos las repubicanas, las que nos habiamos olvidado de todo lo que nos habian dicho:”Una mujer debia ser casta y pura y hacer las tareas del hogar”, pero yo no era asi,era distinta.
Me gustaba la politica. Durante mi infancia habia  visto el sufrimiento de los mas pobres y no podia soportarlo.
En esa detencion me liberaron el 28 de marzo de 1942 el mismo día que mi poeta y amigo Miguel Hernández moría en la prisión de Alicante de tristeza y de soledad.
Al tener mi libertad fui desesperada a buscar a mi hija Elena.Al verla la vi mas grande, ya era una niña de cuatro años.
Preferí a pesar del peligro seguir viviendo en España, aunque me tuviera que esconder de casa en casa y de pueblo en pueblo por algún tiempo
A pesar de las heridas y de la pena que había en mi alma pude continuar con mi vida
.Volvi a casarme con un hombre bueno
. Al tiempo me entere que Francisco no había muerto, que estaba vivo y que había iniciado su vida lejos de mi con otra mujer.No lo comprendí, pero con el tiempo me convencí de que quizá quiso protegerme.
Con los recuerdos de la guerra a cuestas me instale nuevamente en Madrid.Alli vendí tabaco y luego monte un estanco
La vida continuo, los años pasaron pero nunca olvide a mis compañeros muertos,a la lucha de los Republicanos por una patria libre, a las atrocidades cometidas cuando finalizo la guerra por  los franquistas, ni a esos años de miliciana que llevaré en la sangre hasta el día de mi muerte…

Rosario Sánchez Mora murió el 17 de abril de 2008 en Madrid.Tenia 89 años y mantuvo su militancia comunista.Una bandera tricolor embandero su féretro y estos versos que Miguel Hernández escribió para ella fueron leídos en su despedida final


Rosario, dinamitera,

Sobre tu mano bonita

Celaba la dinamita

Sus atributos de fiera.

Nadie al mirarla creyera

Que había en su corazón

Una desesperación,

De cristales, de metralla

Ansiosa de una batalla,

Sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,

Capaz de fundir leones,

La flor de las municiones

Y el anhelo de la mecha.

Rosario, buena cosecha,

Alta como un campanario

Sembrabas al adversario

De dinamita furiosa

Y era tu mano una rosa

Enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo

De la condición de rayo

De las hazañas que callo

Y de la mano que digo.

¡Bien conoció el enemigo

La mano de esta doncella,

Que hoy no es mano porque de ella,

Que ni un solo dedo agita,

Se prendó la dinamita

Y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,

Puedes ser varón y eres

La nata de las mujeres,

La espuma de la trinchera.

Digna como una bandera

De triunfos y resplandores,

Dinamiteros pastores,

Vedla agitando su aliento

Y dad las bombas al viento

Del alma de los traidores.

Miguel Hernández, hacia 1937


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